
Dr. Filip
Terč
(1844-1917)
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Dr. Filip
Terč
(1844-1917) y el nacimiento de la Apiterapia
Moisés Asís
[©
Texto tomado de
Apiterapia 101 para todos
(Miami: Rodes, 2007, pp. 76-80)]:
La primera vez que se habló de Apiterapia fue para
hacer referencia al uso médico de las picaduras de abejas o
Apitoxiterapia.
Si me detengo a hacer un poco de historia aquí no
es porque los demás productos apiterapéuticos no tengan antecedentes
antiquísimos, pues basta con buscar en el papiro de Ebers (1700 ane), en
la Torá (Pentateuco), los Profetas y otros libros bíblicos, en
los escritos de Aristóteles, Plinio, Dioscórides, Galeno, Hipócrates,
Varrón, Avicena y otros eruditos de la antigüedad, para trazar los
antecedentes conocidos de la Apiterapia con productos de la colmena. En
el caso de la apitoxina, hubo usos diversos usos en distintas épocas y
hay relatos de cómo fue curada la gota crónica de Carlomagno (748 – 814)
y el dolor articular de Iván IV el Terrible (1530 – 1584) con picaduras
progresivas de abejas. Sin embargo, quiero detenerme en un las
aplicaciones de la apitoxina a partir de otra época difícil y
transformadora para la historia de la Medicina: el siglo XIX.
En ese siglo, los historiadores destacan la figura
del médico Ignác Fülöp Semmelweis, pionero de la antisepsia. Recuerdo
que el primer libro que yo leí siendo niño fue una biografía de
Semmelweis y nunca he olvidado a este héroe de la ciencia que sufrió
indeciblemente por tratar de convencer a sus colegas de que era posible
salvar la vida de miles de mujeres que morían por fiebre puerperal.
Cuando en 1847 comenzó a trabajar en el departamento de obstetricia de
la Universidad de Viena, la mortalidad materna en el mismo era de un 26
%. Semmelweis planteó repetidamente que la causa de esa alta mortalidad
era la sepsis puerperal provocada por las manos de los médicos
contaminadas por los cadáveres. Sus argumentos fueron rechazados una y
otra vez por las autoridades académicas, a pesar de que en 1860
Semmelweis había logrado reducir la mortalidad a casi un 0,5 % en el
hospital donde trabajaba.
Semmelweis no logró vencer la oposición a sus
argumentos sólidos. En 1865, a los 47 años y tras varios años de sufrir
una demencia de tipo Alzheimer, sus familiares y amigos lo internaron en
el Niederösterreichische Landesirrenaustalt, un asilo privado en Viena,
donde tenía ataques de violencia y murió dos semanas después al ser
golpeado por los propios empleados de esa institución psiquiátrica. Años
más tarde, Joseph Lister abogó por la antisepsia quirúrgica, reconoció
los aportes de Semmelweis y gracias a éste Lister es hoy considerado
como el padre de la cirugía antiséptica.
Similar en muchos aspectos a la historia de
Semmelweis fue la vida del médico Filip Terč, “Padre de la Apiterapia
Moderna”, quien era un adolescente cuando Semmelweis descubría el método
de la profilaxis y perdía su batalla por la verdad. Como coincidencias
históricas –tal como señaló el Dr. Bodog Beck-, ambos tenían el mismo
nombre propio en alemán (Philipp), eran médicos y tuvieron que
enfrentarse a similar dogmatismo académico en la Viena del siglo XIX.
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Terč nació el 30 de marzo de 1844 en Prapořištĕ (antiguo Braunpusch),
diminuto caserío de la región checa de Bohemia occidental, que en aquel
momento era parte del Imperio Austriaco y de 1867 a 1918 parte del
Imperio Austro-Húngaro. Terč era hijo de Johann Tertsch y Barbara Stepan,
de ahí que su apellido original fuese Tertsch, según
consta en el Archivo Estatal de Pilsen (tomo 12, folio
8).
El Dr. Terč era reumático y sufría de intensos
dolores articulares, aunque nada podía hacer a pesar de ser un
prestigioso médico general en Maribor (Marburg an der Drau), extremo
sudoriental del Ducado de Baja Estiria, entonces perteneciente al
Imperio Austro-Húngaro. Un día de 1868 varias abejas lo picaron
repentinamente y, para su sorpresa, a partir de ese momento sus dolores
comenzaron a desaparecer y sus miembros adquirieron nueva movilidad.
Esta experiencia personal lo impresionó y comenzó a creer que los
estudios clínicos en Rusia, en 1864, del Dr. M.I. Lukomski sobre los
efectos terapéuticos de las picaduras de abejas debían tomarse en serio
y someterse a investigación científica.
Pero no fue sino once años después que se interesó
seriamente en investigar la causa de su sorprendente cura. Una pacienta
había sido tratada por diferentes médicos y por el propio Terč por un
padecimiento de neuralgia craneal severa y sordera, usando los
procedimientos médicos más avanzados de la época pero sin resultado
alguno. Fue entonces que la mujer le pidió a Terč algún procedimiento
novedoso ya que se sentía decepcionada por la falta de mejoría. Terč
recordó su propia experiencia y todo lo que había leído sobre el efecto
del veneno de abejas, y le aplicó picaduras diariamente, hasta un total
de 90, sin obtener ninguna mejoría, pero tampoco ningún efecto negativo
por las picaduras. Un día decidió aplicarle 15 picaduras de abejas en el
cuello y los hombros y, ¡sorpresa!, la mujer se curó completamente de la
neuralgia y de la sordera, aunque por primera vez desde que había
comenzado el tratamiento la cara de ella estaba inflamada por las
picaduras.
Terč permaneció durante 10 años haciendo
observaciones y experimentos, y en 1889 presentó ante la Universidad
Imperial de Viena sus notables conclusiones sobre miles de pacientes
tratados con éxito, pero se encontró con un auditorio científico hostil
e intransigente, a tal punto que Terč decide alejarse de Viena por temor
a que lo internaran en un manicomio. La Universidad Imperial de Viena
acostumbraba publicar todas las conferencias de los científicos
invitados, pero la conferencia de Terč nunca fue publicada. El escarnio
que antes habían sufrido Franz Antón Mesmer, Louis Pasteur, Philipp
Semmelweis y muchos otros se repetía ahora con Terč, quien decidió
regresar a Maribor y continuar en silencio sus tratamientos con
apitoxina.
Como testimonio de sus investigaciones dejó varias
publicaciones, además de un libro publicado en 1910. En su “Informe
sobre la peculiar conexión entre las picaduras de abejas y el
reumatismo” (1888), Terč describe el tratamiento de 660 pacientes que
sufrían artritis reumática y a los cuales aplicó un total de 39 000
picaduras de abejas: 82 % tuvieron una cura perfecta (544 pacientes), 15
% tuvieron mejoría (99) y solamente 3 % no tuvieron ninguna mejoría
(17).
Tras el rechazo de las autoridades científicas
austriacas a las investigaciones de Terč, otros médicos en Francia,
Inglaterra y Alemania siguieron sus métodos y reafirmaron sus
conclusiones. Terč falleció en Maribor (actual ciudad de Eslovenia) el
28 de octubre de 1917, ignorado y rechazado por sus contemporáneos.
Incluso hoy en día su nombre no aparece en ninguna de las enciclopedias
médicas europeas ni en los registros de la Academia Austriaca de
Ciencias (Oesterreichische Akademie der Wissenschaften), de la
Universidad de Viena o de otras instituciones académicas. Las únicas
excepciones son la Enciklopedija Slovenije (13, 1999) y el Museo
de Apicultura de Radovljica (Čebelarski Muzej Radovljica).
En 1914, el Dr. Alfred Keiter publicó en Viena y
Leipzig un libro que describe los trabajos investigativos del Dr. Terč:
Rheumatismus and Bienenstichbehandlung; Der heutige Stand derselben
mit einem Beitrage von Dr. Philipp Terč. Uno de los hijos de Terč,
Dr. Rudolf Tertsch, oftalmólogo en Viena, publicó un libro en 1912
describiendo las investigaciones de su padre, Das Bienengift im
Dienste der Medizin, y el nieto de Terč, Dr. Rudolf Tertsch,
médico en Meerbusch y fallecido en 1982, continuó la tradición familiar
de aplicar picaduras de abejas a sus pacientes.
En 2006, por iniciativa de la organización Bees for Life – World
Apitherapy Network Inc., se celebró en Prapořištĕ por primera vez
el 30 de marzo como “Día Mundial de la Apiterapia”, en honor a las
pioneras investigaciones científicas y a la integridad profesional del
Dr. Filip Terč, “Padre de la Apiterapia Moderna”.
En 1935, en su inigualable libro Bee venom
therapy, el doctor Bodog F. Beck (1871-1942), usó por primera vez la
palabra Apiterapia para referirse al tratamiento con veneno de abejas.
El Dr. Beck nació en Hungría y trajo a los EE.UU. lo mejor del
conocimiento europeo sobre Apiterapia e inspiró a muchos a continuar su
trabajo, especialmente a Charles Mraz (1905-1999), quien promovió la
fundación de la American Apitherapy Society y motivó, junto con muchos
colegas norteamericanos, europeos y de otras latitudes, el desarrollo
actual de la Apiterapia como parte de la Medicina Complementaria.
Cada vez es más extenso el uso del veneno de abejas en el
tratamiento de numerosas enfermedades, y se cuentan por docenas los
preparados con apitoxina comercializados por la industria farmacéutica. |